Articulo del periodico El Mundo (22/8/2020)

Seis meses sin el Rastro: las claves del choque de trenes entre el Ayuntamiento y los comerciantes

  • ANA DEL BARRIOMadrid

Sábado, 22 agosto 2020 – 22:57

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Vendedores del Rastro esta semana.
Vendedores del Rastro esta semana. ÁNGEL NAVARRETE

Tenía 16 años cuando colocó su trapo en el suelo y empezó a vender miniaturas en el Rastro. La experiencia no fue alentadora. Aquel día ganó 50 pesetas, pero la Policía la puso una multa de 25.

Sin embargo, a Isabel Oliver le picó el gusanillo y desde entonces no ha faltado a su cita con el mercadillo madrileño, una de las señas de identidad de la ciudad.PUBLICIDADAds by Teads

Hasta que llegó el zarpazo del coronavirus. Mientras el resto de mercadillos de los pueblos y ciudades han vuelto a la normalidad, con limitación de puestos y de aforo, el Rastro no ha regresado a la Plaza del Cascorro desde el pasado 8 de marzo.

«Llevamos seis meses sin ingresos, mientras que tenemos que pagar el alquiler de los locales donde guardamos la mercancía. Hay gente que lo está pasando muy mal y se encuentra al borde del desahucio», se lamenta Mayka Torralbo, vicepresidenta y portavoz de la Asociación El Rastro Punto Es.

Para los vendedores, el Rastro no es sólo su trabajo sino una forma de vida. El mercadillo siempre ha sido un punto de encuentro, donde se mezclan gentes de toda clase social, ideología y nacionalidad.

«El Rastro es un lugar de intercambio cultural. No vienes sólo a comprar, sino que interactúas con los demás. Muchos clientes han acabado siendo amigos míos», relata Isabel Oliver, que ahora vende abanicos decorados.PUBLICIDADAds by Teads

OBJETOS RECUPERADOS

Y no sólo eso. El Rastro también es uno de los puntos de reciclaje que hay en la ciudad, donde se da una segunda oportunidad a miles de objetos, que, si no, irían directamente a la basura.

Así lo atestigua Andrés Trapiello, autor del libro El Rastro, que repasa los 40 años de historia del mercado ambulante: «Gracias al Rastro se han salvado miles de objetos, cuadros y libros que, de otra manera, habrían acabado en el vertedero. Yo no habría descubierto a cientos de escritores, como Chaves Nogales, si no llega a ser por el Rastro», asevera.

Escena del Rastro.
Escena del Rastro.JAVI MARTÍNEZ

Las negociaciones entre el Ayuntamiento de Madrid y los vendedores se encuentran encalladas. Los comerciantes consideran que el Consistorio «quiere matar el Rastro» y desde el Ayuntamiento critican la postura inamovible de los tenderos.

La última propuesta del Consistorio de José Luis Martínez-Almeida contempla dividir el mercado en varias zonas autónomas para poder garantizar la distancia de seguridad.

De esta forma, en Ribera de Curtidores se instalarían 147 puestos; en la misma calle, pero en la zona de Arganzuela, 28;en Vara del Rey, 74; en Campillo del Mundo Nuevo, 52 y en Gran Vía de San Francisco, 196.

Los vendedores se oponen frontalmente a esta idea porque significaría desmembrar el Rastro y eliminar los puestos de la Plaza del Cascorro, el epicentro del mercado ambulante.

Hay gente que lo está pasando muy mal y se encuentra al borde del desahucioMAYKA TORRALBO

Por ello, defienden mantener su ubicación actual con el 50% del aforo y hacer los ajustes necesarios, pero no tener que desplazarse a otras zonas. Muchos de ellos cuentan con su mercancía y los hierros de los puestos almacenados en los numerosos trasteros que hay en el barrio y se desplazan andando a su lugar de trabajo.

«El Ayuntamiento está en una situación de bloqueo. Hay espacio suficiente en las zonas donde quieren suprimir los puestos, como en la Ronda de Toledo», argumenta Torralbo.

Los tenderos consideran que si ceden, el mercado acabará transformado en cinco mini-mercadillos, convertidos en «guetos aislados entre sí» y se perderá su esencia.

Sin embargo, desde el Consistorio sostienen que se trata de una solución provisional que se busca ante una situación de emergencia, y que, cuando el problema termine, cada uno volverá a su ubicación tradicional. «No podemos permitirnos que haya un contagio en el Rastro porque dañaría la imagen de la ciudad. ¡Eso sí que sería el final!», aseguran fuentes municipales.

Son muchas las voces que opinan que existen intereses ocultos y que la pandemia ha sido la excusa perfecta para cambiar el mercado de ubicación y revalorizar el barrio. De la misma opinión es el escritor Andrés Trapiello: «Cargarse el Rastro y cambiarlo de sitio es la ilusión de todos los alcaldes de la ciudad. Es la última zona del Madrid antiguo que queda sin explotar y los pisos del barrio se revalorizarían mucho si no estuviese el mercado, que genera molestias a los vecinos los domingos».

Ya en el año 2004, el ex alcalde de la ciudad Alberto Ruiz-Gallardón intentó reordenar los puestos para reducir sus dimensiones. Su objetivo era abrir otro mercado «de más nivel y más turístico», alejado del centro, en una zona cercana a Mercamadrid. Sin embargo, la propuesta de Gallardón provocó la movilización de miles de madrileños y una recogida de firmas, por lo que, al final, no se llevó a cabo.

Muchedumbre en el mercado.
Muchedumbre en el mercado.JAVI MARTÍNEZ

Por muchos intentos que se hayan hecho, el Rastro se ha mantenido fiel a sus raíces y se ha ido configurando de una manera especial con el paso de los años. Por ejemplo, en este mercado se produce una simbiosis natural entre los puestos y las tiendas, que ahora languidecen por la falta de público.

También se han ido creando zonas temáticas de manera espontánea que van desde las antigüedades y almonedas hasta los libros y cromos pasando por la ropa.

En definitiva, en El Rastro se puede encontrar cualquier tipo de objeto. Precisamente, en estos tiempos de coronavirus, ése es uno de sus hándicaps. ¿Cómo controlar los contagios si hay productos que son manoseados por decenas de personas? La portavoz de la Asociación El Rastro Punto Es mantiene que habrá menos objetos expuestos, que será necesario el uso de gel en cada puesto y que se desinfectarán las piezas cuando se toquen.

«Los primeros interesados en velar por nuestra salud y la de nuestros clientes somos nosotros. Los estudios científicos dicen claramente que en los espacios abiertos la posibilidad de contagio es 20 veces menor que en cualquier lugar cerrado. De hecho, los rebrotes no se están produciendo en espacios abiertos sino en lugares cerrados», argumenta. Sin embargo, Andrés Trapiello se muestra escéptico en este tema: «Tiene difícil solución. Es imposible evitar el contacto en el Rastro donde hay objetos que toca todo el mundo».

Mientras tanto, los comerciantes protestan cada domingo en defensa de sus puestos de trabajo. Antonio Olguin es uno de ellos. Este chileno, que lleva 32 años vendiendo en el mercado, todavía recuerda cuando toda la ropa se fabricaba en España.

«Cuando llegué, los vendedores teníamos nuestros talleres. Todo se hacía de manera artesanal. Yo me tenía que ir a Talavera a traer y llevar las prendas», describe. Poco a poco, todos esos talleres terminaron cerrando y ahora, diseña la ropa, pero se fabrica en Nepal.

Olguin lleva meses tirando de sus ahorros, pero todo tiene un límite. «Tengo que pagar el alquiler de la furgoneta, la hipoteca… Vivo exclusivamente del Rastro y estoy en fase crítica», se queja.

¿A qué esperan a buscar una solución? ¿A que alguien se tire por la ventana?MAYKA TORRALBO

Todos están deseando volver a sus puestos, pese a que reconocen que trabajar en la calle es muy duro. «Vivimos bajo las inclemencias del tiempo y subsistes con lo que ganas cuatro días al mes. La calle es libre, pero es dura», sostiene Esther Díez, que vende perfumes y a la que se le acumulan las deudas.

La situación de las 1.000 familias que viven del Rastro es cada vez más complicada. «Hacemos protestas lúdicas, para que se vea el carácter cultural del Rastro, pero eso no significa que no haya dramas detrás. ¿A qué están esperando para buscar una solución digna? ¿A que alguien se tire por la ventana?», se pregunta Torralbo.

Pese a la oposición de su familia, la portavoz de la asociación dejó su trabajo fijo para dedicarse a la venta ambulante. Fue todavía más precoz que Isabel Oliver, ya que empezó a vender los restos de la tienda de ropa de su madre en Carabanchel con 10 años. Tras un paréntesis, decidió volver al mercado para vender ropa de diseño.

Como Torralbo, muchos madrileños aguardan con impaciencia el retorno de este mercado único. Porque, como dice Trapiello, al Rastro no se va a pasar el rato, se va a salvar el mundo.

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